De la misma forma que lo hace el neologismo, el lapsus se encarga de armar en dos segundos un espacio para que salga lo del inconsciente. No quiere decir que lo que dijo el señor lapsus fue cierto o que es lo único que es cierto o que no pueda ser cierto pero es peor que eso porque designa con una palabrita algo que deja la cola en el resto de los ordenes designados.
Más simple: el lapsus viene como el invitado mala tela no más, se toma una piscola y la suelta toda. A mí me pasó. Pero ya ni en la física creen que la trayectoria sea algo cierto, salvo por la salida y la llegada, porqué entonces uno en el lapsus tiene que designar verdad. Al final, el lapsus no viene a decir lo cierto. Si, por otra parte tiene un sustrato de verdad.
El sustrato de verdad de estos deslices incómodos y dolorosos que llevamos a cabo sin querer queriendo no está en las trayectorias que pudieron definir los sucesos, sino, en las reacciones que tengan estos sucesos en el resto. Así, las trayectorias probables entre la salida y la llegada de una partícula no importan tanto como lo que perciban los ambientes en los que se desenvuelvan esas partículas al desplazarse. Dicho de otro modo, la espantada de la gente ante el lapsus es más importante que lo que liberó el lapsus del loco que dijo lo que no quería decir.

